
RECUERDOS DEL PRESENTE
Si el presidente es inmoral, hay que destituirlo. Y lo mismo si se trata de "la" presidente, como ocurrió en Perú con Dina Boluarte.
Los parlamentarios peruanos debieron crear una figura que no estaba en las leyes y menos en la Constitución para dictar la destitución.
Eso de que tiene "incapacidad moral" para ser presidente no figura en ninguna Constitución, pero los peruanos la han usado por segunda vez, y muestran que es pertinente.
En 1978 estuvimos en los mismos afanes de ahora: tratando de despedir a una dictadura que había comenzado en 1971, pero no resultó muy fácil.
Son como la hierba mala: no se las puede eliminar rápido porque tienen muchas raíces difíciles de extirpar.
Los coletazos de aquella dictadura produjeron tres golpes militares con la intención de ignorar los resultados de las elecciones realizadas en 1978, 1979 y 1980.
Quizá el culpable sea Donald Trump, pero Estados Unidos comete errores infantiles frente a la narcodictadura de Venezuela y permite que siga siendo presidente Nicolás Maduro.
Ojalá este no sea el comienzo de otra dictadura caribeña destinada a durar más de sesenta años, como la de Cuba, a 90 millas de Miami.
En 1961, el "imperio" envió unos mercenarios para que derrocaran a Fidel Castro, pero olvidó darles balas para los fusiles que llevaban.
El ministro de Defensa, Edmundo Novillo, es el masista más sincero que existe: admite que hay presos políticos en el país y considera un error aplicarles el "debido proceso".
No quiere que acaben las detenciones arbitrarias, como las que se dan desde 2006, y se ponga fin a la práctica de dictar "detención preventiva" y consecutiva, hasta sumar varios años, algo que ha criticado incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
El último censo está entregando los resultados con cuentagotas y acaba de informar que los ciudadanos que se identifican con pueblos indígenas, originarios, campesinos, son cada vez menos.
Lo que revela que el español Pablo Iglesias, que trajo en 2009 la idea de que el país deje de llamarse república y adopte el nombre de “Estado plurinacional”, porque en el territorio existen 36 naciones, estaba equivocado.
Crece la sospecha de que el gran perdedor del domingo 17, el partido que estuvo robando y traficando droga durante veinte años, llevaba disfraz.
Eso es algo de lo que el TSE es inocente. No puede dedicarse a ver si la chola lleva otra pollera, o si le pusieron una mascarita para estas elecciones.
El sospechoso de haber vendido el alma al diablo tendría que aclararlo, e incluso denunciar el hecho, pero parece que tiene dificultades para hablar claro.
Está muy claro: el MAS recibe instrucciones para no entregar el gobierno a la oposición cuando haya sido derrotado, porque Bolivia es una prenda muy apreciada por la trasnacional del crimen organizado.
Hace ya 200 años se creó en estas tierras la República de Bolívar, convertida hoy en el Estado Plurinacional de Bolivia, y a punto de cambiar otra vez de nombre.
Se había ido un imperio, o lo que quedaba de él, llegado a estas tierras en septiembre de 1535, cuando don Diego de Almagro, derrotado por los Pizarro en Cusco, iba hacia el sur y, abatido, lo primero que hace es fundar un pueblo al que le pone un nombre que delata su estado de ánimo: Paria.
Cuando los países vecinos han marginado a Bolivia de los corredores interoceánicos que proyectan construir, entre los candidatos para las elecciones del 17 de agosto no se escucha ninguna propuesta dirigida a sacar al país del ostracismo.
El corredor del sur pasará casi tocando Yacuiba, pero no incluirá a Bolivia por decisión unánime de Brasil, Paraguay, Argentina y Chile.
Tendría que ser un chiste, pero el ministro de Desarrollo Rural dice que la agricultura del país creció desde 2005 "gracias al modelo económico, social comunitario productivo" del MAS.
Y lo dice en serio, como si estuviera convencido de que eso es así, pero además critica a quienes olvidan hacerle homenajes al modelo, como los organizadores de un foro de candidatos realizado la semana pasada.

