Vallegrande, el Carnaval de la Amistad
A unos 250 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, el área urbana de Vallegrande es una de las más pobladas de esta región y es famosa por dos razones. Allí fueron enterrados subrepticiamente los restos del legendario guerrillero Ernesto Che Guevara y por su Carnaval pleno de tradiciones que se traducen en el concepto de amistad vecinal.
Aseguran los vallegrandinos que la preparación de esta festividad se inicia meses antes de su desarrollo, pues es cuando comienza la preparación de los licores elaborados con base en las frutas de esta región cercana a los departamentos de Cochabamba y Chuquisaca.
Todo comienza la tarde del Sábado de Carnaval cuando ganan las calles las comparsas de las unidades educativas locales. Niños y adolescentes compiten por demostrar cuál grupo es el más entusiasta, el mejor caracterizado y el que refleja con mayor precisión las tradiciones regionales.
Admiración despiertan los carros alegóricos preparados por escolares y colegiales.
El domingo por la mañana tiene lugar el Corso Infantil en el que, como su nombre lo señala, los alegres protagonistas son los niños, cuyos padres se encargarán de dar forma esa misma tarde al Corso Grande, en el que el entusiasmo festivo es la principal característica.
Este evento comienza con el Paso de Caballería en el que jinetes ataviados con los trajes típicos de los valles cruceños, camisas blancas, chalecos y sombreros negros, recorren las calles de la ciudad.
Por detrás hacen su paso las comparsas festivas, siempre encabezadas por sus reinas de belleza y sus carros alegóricos, que hacen referencia a las tradiciones culturales de esta zona cruceña.
Sin embargo, los actos más importantes del Carnaval Vallegrandino tienen lugar entre lunes y martes.
A las 8.30 de la mañana, orquestas y bandas previamente contratadas comienzan sus actuaciones musicales. Los integrantes de las comparsas recorren por las casas de sus vecinos, a quienes invitan a divertirse, bailar y compartir la deliciosa gastronomía local.
Sólo quien ha estado por allá puede decir cuán deliciosos son el asadito colorau, las k’jaras, la chanfaina, el asado de cordero o el charque vallegrandino.
Las risas, las conversaciones y la alegría unen profundamente a los pobladores de este municipio, mientras músicos dotados de gran agilidad mental entonan coplas y todos comparten las bebidas maceradas desde hace tres meses y cuyo sabor es muy dulce.
Las actividades continúan el Miércoles de Ceniza, cuando se produce el entierro simbólico del Carnaval. Se escoge a un integrante de cada comparsa para que sea “enterrado” en la plaza principal, mientras sus numerosas “viudas” lloran a moco tendido.
Se entierra al “fallecido” en la pileta pública de ese espacio urbano, pero ante el contacto del agua fría, resucita y vuelve la alegría.
Todo concluye después de un paréntesis de tres días, en los que la población se reúne en la plaza para que alguna “autoridad” dé lectura al bando que es una serie de rimas que tienden a ridiculizar, censurar o, en su caso, aplaudir los recientes hechos de dominio público, en medio de carcajadas por la inventiva de los poetas quienes lo redactaron.























