Y ahora se rasgan las vestiduras
Evo Morales logró lo que hasta hace poco era impensable: algo así como simpatía con el Gobierno de Luis Arce en su lucha contra las huestes evistas. Aunque sea a regañadientes, queremos que le vaya bien al Gobierno en su enfrentamiento con las mesnadas de Morales, tal es la amenaza proveniente del masismo Evista que se cierne sobre el país y la democracia.
Para asegurar elecciones en agosto rogamos que el Gobierno termine su periodo constitucional, que mantenga desbloqueadas las carreteras, que logre el aprovisionamiento de combustible, que pacifique el país y neutralice a Morales, o mejor, que lo aprehenda, a pesar de que la culpa de todo esto la tiene el MAS.
A este Gobierno se le debe decir: cosechas lo que siembras. El MAS tiene, como arma principal de lucha política en la oposición, el caos y el desorden, de manera de hacer al país ingobernable, aunque sea contra un Gobierno de otra facción del mismísimo MAS. Y ahora que esas armas se vuelven contra la facción del MAS en el Gobierno, éste califica a Morales como enemigo de la democracia.
¿Dónde estaban los actuales gobernantes cuando Morales y sus huestes intentaron, primero, mantenerse en el poder después del fraude en la elección del 2019 y luego derribar el Gobierno de Áñez, y antes, cuando hacían ingobernable al país en los gobiernos de Sánchez de Lozada y Carlos Mesa? Pues, ayudaban a dirigir o eran parte de las hordas que hacían inviables a gobiernos constitucionalmente constituidos, sin que haya importado el costo para el país, ni que existía la vía democrática para lograr hacerse del poder y poner en práctica su ideología y programa de gobierno.
Ahora el Gobierno se jacta de que salvó la democracia. "Hemos soportado todas las movilizaciones del señor Evo Morales (...) hemos resistido todo para preservar la democracia. El pueblo boliviano se merecía un tránsito democrático y nuestro Gobierno entregó ese tránsito democrático", sostuvo Luis Arce a EFE. Su gran aporte será entregar el gobierno al ganador de las elecciones, como si esto fuera un extraordinario logro, como un premio que se merece el pueblo boliviano ¿por qué? ¿por buen comportamiento?, cuando apenas es lo que la Constitución y las leyes mandan.
No nos equivoquemos respecto de los integrantes de este Gobierno cuando atacan y critican a Morales, cuando se presentan como abanderados de la democracia y defensores de la paz y el orden. Ahora se rasgan las vestiduras, pero ninguno de ellos levantó la voz cuando su comandante ignoró el 21F, cuando forzó una cuarta reelección con un Tribunal Constitucional amañado y cometió fraude en las elecciones del 2019.
Ahora, de la manera más cínica, critican a Morales por haber forzado su postulación a un cuarto mandato cuando nadie de los que ahora gobiernan se opuso a su reelección en 2019. Al contrario, lucharon contra la población que había salido a las calles para protestar contra el fraude cometido por Morales. Así no hayan sido, la mayoría de estos, altos dirigentes del MAS en ese momento –los cuales se asilaron en embajadas afines al socialismo del siglo XXI– algunos, y muchos de menor rango en ese momento, estuvieron en los movimientos que intentaron impedir la sucesión constitucional de Áñez y en el asedio posterior a ese Gobierno.
La postura de Arce de presentarse como el “salvador” de la democracia es fruto del desastre que fue y es su Gobierno, a tal punto que ni siquiera buscará su reelección, algo impensable hasta unos dos años, cuando intentaba con éxito sacar a Morales de la contienda electoral, quitarle la sigla, y volverse el candidato oficial, y único, del MAS.
Su apego a la democracia y a la institucionalidad es circunstancial y oportunista. Basta recordar que hizo posible que un Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) bajo su tutela se autoprorrogue inconstitucionalmente para así servirse de sus dictámenes. Su sentencia vetando la participación de Morales en las elecciones, emitida durante su gestión autoprorrogada –por lo cual es nula–, es el principal ejemplo de esa simbiosis corrupta entre el Ejecutivo y el Poder Judicial.
El desquiciamiento institucional al que nos ha llevado el MAS es tal que da la razón a Morales cuando éste declara nula la resolución del TCP de inhabilitarlo, por su condición de autoprorrogado, cuando él hacía exactamente lo mismo al instruir al TCP de ese entonces que lo habilite de forma amañada en contra del 21F y la Constitución.
Mal que le pese a Arce, éste, a diferencia de Morales, no tiene una base de apoyo social propia. Su viabilidad política descansaba en su capacidad de gestionar un periodo de gobierno medianamente pasable; al fracasar espectacularmente no le queda más que renunciar a ser candidato a un segundo mandato.
No le queda al Gobierno otra salida, dada la imposibilidad de obtener una votación mínimamente buena, mucho menos de volver a ganar, aun asumiendo que tuviera alguna capacidad para manipular el resultado. Pero es seguro que si la plata acumulada durante los años de bonanza exportadora les hubiera alcanzado hasta ahora, y tuvieran alguna opción de mantenerse en el poder, otro seria su cantar y accionar.
El autor es economista
Columnas de CARLOS GUEVARA RODRÍGUEZ


















